Un tema recurrente en las conversaciones sobre educación, es el uso de videojuegos por parte de niños y jóvenes. Está claro que para una gran mayoría niños los videojuegos son un entretenimiento muy atractivo, por encima incluso de otros juegos tradicionales.
Los juegos en teléfonos o tabletas se han introducido en el ocio infantil con mucha fuerza y muy rápidamente. Sin embargo, no solo son un aporte y una oportunidad para el crecimiento personal e intelectual de los niños, sino que además lo consigue de una forma entretenida y divertida.
Entre los beneficios de los videojuegos destacan especialmente la estimulación de habilidades cognitivas:
Coordinación visomotora, importante habilidad que adquieren los niños para coordinar lo que ven con lo que tienen que hacen, sobretodo en edades tempranas.
Resolución de conflictos y toma de decisiones, historias como Senda fomentan la capacidad de resolver problemas cotidianos, y la búsqueda de soluciones o respuestas, además de potenciar el aprendizaje de la relación entre un acto y sus consecuencias.
La comprensión lectora, una forma muy divertida de practicar la lectura son los libros interactivos y los videojuegos.
La capacidad de atención, en dosis razonables los videojuegos favorecen la capacidad de concentración del niño.
Idiomas, no hay una forma más divertida y eficaz que aprender nuevos idiomas mediante los videojuegos.
Esto no significa, sin embargo, que los juegos no deban supervisarse, especialmente en los niños. Un mal uso de estos o un uso excesivo, puede favorecer conductas como el aislamiento, puede limitar otro tipo de actividades de ocio igualmente beneficiosas, o incluso disminuir la relación con la familia.
Además es importante elegir videojuegos que vayan dirigidos a la edad de cada niño, pues los contenidos varían sustancialmente y están adaptados teniendo en cuenta la etapa de desarrollo particular de cada edad.
En conclusión, un uso normal y supervisado de los videojuegos aporta una gran cantidad de beneficios al desarrollo de los más pequeños, por lo que las apps infantiles se han convertido por si solas en útiles herramientas para la educación y desarrollo. Eso sí, siempre con supervisión y usados de una forma racional.