Quién no se ha sorprendido alguna vez de la crueldad que encierran los cuentos clásicos y ha descubierto, ya de mayor, que en realidad no son tan puros e ingenuos como podía parecer cuando nos los leían de pequeños.
En estas historias es normal encontrar situaciones en las que los padres abandonan a sus hijos a su suerte, como en Hansel y Gretel, ya que estos son pobres y no los pueden alimentar. En otros, los niños son devorados por ogros o animales salvajes, como en Pulgarcito o Caperucita, por no hablar de otras atrocidades como las mutilaciones o asesinatos en serie sufridos por los personajes de Las zapatillas Rojas o Barba Azul.
Pero, ¿cómo es posible? ¿Era la sociedad de épocas pasadas insensible hacia estos temas? ¿Acaso necesitaban aquellos niños ser aleccionados con esas terribles historias para prepararlos para los duros avatares de la vida? Probablemente, aunque la respuesta podría ser aún más sencilla, según explica Jesús Callejo en su libro Los dueños de los Sueños. Simplemente aquellos relatos no iban dirigidos al público infantil.
En el siglo XVII, el escritor francés Charles Perrault fue uno de los primeros en recoger y dar forma literaria a aquellos cuentos que pasaban oralmente de padres a hijos, eliminando los aspectos más escabrosos, pero no porque fuera dirigido a los niños, sino porque iba a ser leída por la refinada alta sociedad francesa. No fue hasta el siglo XIX cuando los cuentos empezaron a considerarse adecuados para la educación infantil. Los hermanos Grimm, en Cuentos para la Infancia y el Hogar (1812 y 1815) recopilaban las historias que edición tras edición, y gracias también a una rígida censura que las consideraba demasiado duras, iban suavizándose y volviéndose más apropiadas para los niños.
No obstante, aquellos cuentos nunca dejaron de tener ese lado áspero que aún permanece, ya que no debían perder su función educativa y moralizante. Al fin y al cabo se habían adaptado para asustar a los niños y que se alejaran de ciertas situaciones que pudieran acarrearles peligros.
Existe hoy en día una controversia sobre la necesidad de tanta crudeza en los cuentos infantiles. Los que la defienden, como el psicólogo infantil Bruno Bettelheim postulan que ‘la lucha con las serias dificultades de la vida es inevitable, es parte intrínseca de la existencia humana’. El experto en literatura infantil Alberto Ruiz también piensa que debido a una excesiva protección de los mayores hacia los niños, el explicar siempre cuentos con final feliz puede tener consecuencias negativas ya que se pueden formar más vulnerables ante la vida.
En cambio, Valentín Martínez-Otero, psicólogo y pedagogo, explica que es recomendable realizar cambios en el cuento para que se neutralicen sus aspectos negativos, crueles o violentos y se potencien los beneficios. Es importante que acrediten calidad desde el punto de vista lingüístico, afectivo, emocional y moral. Lo fundamental que hay que tener en cuenta a la hora de elegir o contar un cuento, es que se adapte a la edad del niño y que le transmita un mensaje que le pueda ser útil en su desarrollo.

CARMEN MENEDEZ
Si bien me contaban cuentos, con finales feliz y otros no tan felices, enseguida llegaba la explicación de que se tratara el tema.y la importancia de conocer que no siempre se tiene identifico resultados.-Se acompañaba el temor visualizarlo, escuchar cánticos y probar cosas desagradables, como era la ineludible purga dos veces al año. con aceite castor e hígado de bacalao, nunca granos, ni pestes, ni contagios.-. .